jueves, 30 de enero de 2014

2 poemas de César Vallejo

Un hombre está mirando a una mujer...

Un hombre está mirando a una mujer,
está mirándola inmediatamente,
con su mal de tierra suntuosa
y la mira a dos manos
y la tumba a dos pechos
y la mueve a dos hombres.

Pregúntome entonces, oprimiéndome
la enorme, blanca, acérrima costilla:
Y este hombre
¿no tuvo a un niño por creciente padre?
¿ Y esta mujer, a un niño
por constructor de su evidente sexo?

Puesto que un niño veo ahora,
niño ciempiés, apasionado, enérgico;
veo que no le ven
sonarse entre los dos, colear, vestirse;
puesto que los acepto,
a ella en condición aumentativa,
a él en la flexión del heno rubio.

Y exclamo entonces, sin cesar ni uno
de vivir, sin volver ni uno
a temblar en la justa que venero:
¡Felicidad seguida
tardíamente del Padre,
del Hijo y de la Madre!
¡Instante redondo,
familiar, que ya nadie siente ni ama!
¡De qué deslumbramiento áfono, tinto,
se ejecuta el cantar de los cantares!
¡De qué tronco, el florido carpintero!
¡De qué perfecta axila, el frágil remo!
¡De qué casco, ambos cascos delanteros!


CÉSAR VALLEJO, de "Poemas humanos"



LVI

Todos los días amanezco a ciegas
a trabajar para vivir; 
y tomo el desayuno,
sin probar ni gota de él, todas las mañanas.
Sin saber si he logrado, o más nunca,
algo que brinca del sabor
o es sólo corazón y que ya vuelto, lamentará
hasta dónde esto es lo menos.

El niño crecería ahito de felicidad 
oh albas,
ante el pesar de los padres de no poder dejarnos
de arrancar de sus sueños de amor a este mundo;
ante ellos que, como Dios, de tanto amor
se comprendieron hasta creadores
y nos quisieron hasta hacernos daño. 

Flecos de invisible trama,
dientes que huronean desde la neutra emoción, 
pilares
libres de base y coronación,
en la gran boca que ha perdido el habla. 

Fósforo y fósforo en la oscuridad,
lágrima y lágrima en la polvareda



CÉSAR VALLEJO, de "Trilce"

"L'Héautontimorouménos" de Charles Baudelaire

L'Héautontimorouménos

                              À J. G .F.

Je te frapperai sans colère
Et sans haine, comme un boucher,
Comme Moïse le rocher
Et je ferai de ta paupière,

Pour abreuver mon Saharah
Jaillir les eaux de la souffrance.
Mon désir gonflé d'espérance
Sur tes pleurs salés nagera

Comme un vaisseau qui prend le large,
Et dans mon coeur qu'ils soûleront
Tes chers sanglots retentiront
Comme un tambour qui bat la charge!

Ne suis-je pas un faux accord
Dans la divine symphonie,
Grâce à la vorace Ironie
Qui me secoue et qui me mord

Elle est dans ma voix, la criarde!
C'est tout mon sang ce poison noir!
Je suis le sinistre miroir
Où la mégère se regarde.

Je suis la plaie et le couteau!
Je suis le soufflet et la joue!
Je suis les membres et la roue,
Et la victime et le bourreau!

Je suis de mon coeur le vampire,
— Un de ces grands abandonnés
Au rire éternel condamnés
Et qui ne peuvent plus sourire!




El Héautontimoruménos    
                                
                             a  J. G. F.

Te golpearé sin cólera alguna
y sin odio, como un carnicero,
como Moisés golpeara la roca
y hasta haré brotar de tu ojo

para alimentar mi Sahara propio
a las vertientes del sufrimiento.
Mi deseo de esperanza henchido
habrá de flotar sobre tu llanto salino

como un barco que se larga hacia la mar
y como en mi corazón, al que colmaron,
habrán de retumbar tus queridos sollozos
como un tambor que bate parche al atacar.

¿No soy un arpegio disonante
que suena en la divina sinfonía
todo gracias a la voraz ironía
que me mantea y me muerde?

¡En mi voz está ella, la turba!
¡En mi sangre el veneno negro!
Yo soy el siniestro espejo
donde se contempla la furia.

¡Yo soy el puñal y la herida!
¡Soy el cachetazo y la mejilla!
¡Los miembros y el tormento,
el verdugo y el atormentado!

¡De mi corazón vampiro tenaz,
de esos grandes abandonados,
a la risa eterna ya condenados
y que no pueden sonreír jamás!


— Charles Baudelaire, Fleurs du Mal

miércoles, 29 de enero de 2014

"Song" de Allen Ginsberg

 SONG


The weight of the world
is love.
Under the burden
of solitude,
under the burden
of dissatisfaction

the weight,
the weight we carry
is love.

Who can deny?
In dreams
it touches
the body,
in thought
constructs
a miracle,
in imagination
anguishes
till born
in human—

looks out of the heart
burning with purity--
for the burden of life
is love,

but we carry the weight
wearily,
and so must rest
in the arms of love
at last,
must rest in the arms
of love.

No rest
without love,
no sleep
without dreams
of love--
be mad or chill
obsessed with angels
or machines,
the final wish
is love
--cannot be bitter,
cannot deny,
cannot withhold
if denied:

the weight is too heavy

--must give
for no return
as thought
is given
in solitude
in all the excellence
of its excess.

The warm bodies
shine together
in the darkness,
the hand moves
to the center
of the flesh,
the skin trembles
in happiness
and the soul comes
joyful to the eye--

yes, yes,
that's what
I wanted,
I always wanted,
I always wanted,
to return
to the body
where I was born.


                                                 San Jose, 1954




CANCIÓN


El peso del mundo
            es el amor.
Debajo de la carga
            de la soledad,
debajo de la carga
            de la insatisfacción

            el peso,
el peso que llevamos
            es el amor.

¿Quién lo puede negar?
            En sueños
toca
            el cuerpo,
en los pensamientos
            construye
un milagro,
            en la imaginación
se angustia
            hasta nacer
humano-

mira desde el corazón
            ardiendo de pureza-
porque el peso del mundo
            es el amor,

pero llevamos la carga
con agotamiento,
y así es que debemos descansar
en los brazos del amor
al fin,
debemos descansar en los brazos
            del amor.

No hay descanso
            sin amor,
no hay sueño
            sin sueños
de amor-
            estés loco o tiritando
obsesionado con ángeles
            o máquinas,
el último deseo
            es amor
-no puede ser amargo,
            no puede negarse,
no lo podemos retener
            si se niega:

su carga es demasiado pesada

            -debe dar
sin recibir
            como el pensamiento
se da
            en soledad
con toda la excelencia
            de su exceso.

Los cuerpos cálidos
            brillan juntos
en la oscuridad,
            la mano se mueve
al centro
            de la carne,
la piel tiembla
            de felicidad
y el alma viene
            alegre al ojo-

sí, sí,
            eso es
lo que quería,
lo que siempre quise,
lo que siempre quise,
            regresar
al cuerpo
            en donde nací.



                                                  San José, 1954



(traducción de Tom Maver)

domingo, 26 de enero de 2014

2 poemas de Paco Urondo

Como bola sin manija

puedo ir para un lado
puedo ir para otro lado
encontrar estuarios pálidos cisnes quietos
buques mansos que como a las nubes
me llevan de un lado para otro lado

puedo dar con lugares apacibles
o sombras excitantes
la primera piel de una mujer
el aroma de una mujer el sonido de una fiesta
puedo beber de cierto cuidado y enfermarme levemente
y sentir en las sábanas el olor del sol

puedo llegar a tener suerte en el juego y en la vida
puedo cambiar de vida y de nombre
puedo peinarme de otra manera
y vestir como nunca lo hice

puedo sorprender
ser irascible o piadoso
comprensivo con las mujeres
o despiadado con sus increíbles sentimientos

puedo como antaño volver a enamorarme
puedo padecer por un vago recuerdo
o tirar todo por la borda
o no soportar la memoria

–hoy te he recordado vagamente–

puedo reír y cantar
divertir a la gente
y esperar a que todos estén completamente locos
y ya no parezca tan divertido

puedo envejecer y enmudecer para siempre
y decir palabras sin mayor fundamento
puedo gozar de placeres fáciles y complicados

–eras alta antes de conocerte
y hoy no he recordado tu nombre
y pienso que otro día podré humillarlo–

puedo tener rasgos bondadosos
arranques de conmovedora caridad
puedo echarme a perder
o tener más hijos como si ofreciera
el más estupendo y bonito de los mundos posibles

puedo ambicionar una amplia fortuna
hasta puedo trabajar o pensar en el as de oro
o seducir a una adolescente frágil-como-un-pétalo-de-agosto

puedo hacer viajes exóticos morder la espesura de un follaje
jugar mi vida por unos diamantes impuros
o por lánguidos ojos saturados de sabiduría

puedo emborracharme aquí o en el extranjero
y caer exhausto en la turgencia de un muslo
o en el filo de una dudosa alcantarilla

puedo investigar o escribir luminosos párrafos
que abrirían por sí el futuro
puedo ser un intelectual responsable o desaprensivo
firmar o no firmar traicionar o jugar a la lealtad

puedo ser adorado
puedo ser odiado
tener amantes
distintas en su belleza singulares en sus caprichos
o no tener a nadie
y no guardar un solo recuerdo

puedo rechazar la ternura
o mendigarla como hace unas horas
puedo vivir alternativas viejas o recientes
fáciles y peligrosas

puedo elegir mi destino
aunque no sepa darle forma adecuada
ni por dónde empezar

puedo imaginar el tiempo que desconozco
luchar por esa o por otra dulce aspiración
puedo olvidar

–hoy no he podido recordar tu nombre–

de la memoria puedo imaginar las interminables apuestas
y sus mañas de vieja tramposa
puedo no pensar en que distribuye los signos
de ese futuro tangible y ajeno


(de "NOMBRES")



Addio
Estaba en un estado
de ánimo sentimental; estuve
sonado; alcohólico, desierto,
fugitivo y
topecé con la cara de tu sonrisa
que ocultaba
la cara de tu rabioso dolor

Y nunca pude resignarme
a esa cara
y perdí tu sonrisa y te
digo adiós, amore mío santo, que descanses,
que me olvides hasta cuando
los boleros estallen
como copitas de anís, como
bazookas del destino.

(de "SON MEMORIAS")

3 poemas de Joaquín Gianuzzi



Teólogo en la ventana 

Este cerrado dolor de cabeza
causado por la presión del mundo visible
reclama un significado.
Pero la visión de la calle desde mi ventana
solo ofrece alternativas de una apariencia dislocada
hecha de fragmentos trémulos, colores dudosos
y un sufrimiento de cosa oscuramente mezclada consigo misma
¿Qué materia desean los ojos y que no pueden ver?
No esta especie de traición a lo largo del pavimento,
la naturaleza criminal que revelan los automóviles,
el taciturno rumor de los objetos manufacturados,
la vacilante verdad de la muchedumbre hacia el ocaso,
los asuntos de esta terrible sociedad que se aplasta al planeta.
¿Cuál es la relación de esta escena con el otro orden?
La divinidad está aquí por delegación sombría.
Hay un millón de ventanas y cada una padece
su teólogo fracasado ante la única realidad posible
con su correspondiente dolor de cabeza al anochecer.


Cuando el mundo es puesto en duda


Entre verso y verso se instala una pausa
donde el mundo es puesto en duda: entonces
pongo mi amarga cabeza a circular por el jardín.
Busco un rumor terrenal
a un costado de la escritura consciente.
Palpo un hígado maduro, una dalia inclinada
por el peso del agua
hacia este oscuro planeta. No residen aquí,
en estos suaves acuerdos, las negaciones
de la existencia, su sonido negro. Al pie del muro
un susurro de violetas, la humedad feliz
de la vida individual. Del otro lado
los días de la muchedumbre que alza los puños
poseída por un conocimiento decisivo. Estas cosas
han optado por sí mismas. Toman la tierra
por asalto, la fecundan con un sentido
que me estoy debiendo. Ahora suena un disparo:
¿debo elegir? ¿Mentir en la oscuridad de mi habitación?
¿Cómo ser exacto? La época apresura su pánico
dentro de mi cabeza, allí
donde un aullido oscila oscuramente
de un extremo a otro de lo desconocido.



Aleluya del arroyo


Felicidad del arroyo que desciende entre las piedras
cuando mi pie desnudo sumerjo en su lenguaje.
Un proceso de la mente que no puedo desdeñar
mientras en la ciudad, bajo este fragmento de verano
reina una inquietud desconocida.
Mi profunda culpabilidad humana
inficiona el agua. Debo comprender
de una vez por todas y aquí
parece el sitio adecuado, el estimulante
arroyo con árboles y la gracia
de la creación en la mañana. Recuerdo,
años que ya no cuento, apostando
a la justicia de un alimento verdadero para todos,
confiando en la historia y en la salida del sol
o en el peor de los casos el encuentro
de un balazo en la noche o la personal
angina de pecho después de los cincuenta.
De confusión en confusión, discusiones
en los edificios, a menudo
un temblor emocional en el cerebro
cuando la realidad estallaba
con signos propios, no previstos,
el entusiasmo y el lamento
y finalmente la fatiga y tanto
amor y tabaco y gritos para encontrar
que el hombre es una bomba para el hombre.
Pero también recuerdo: estaban
las mortales relaciones de producción, presentes
entre mi carne y el planeta, engendrando
contradicciones que impedían amar, pudriendo
los ojos, las manos y sus obras, multiplicando
revólveres y el dolor del laúd y la manzana.
Pero hubo después un giro
del pensamiento. Cuando creí saber
que soy origen y resultado, que sólo por mi causa
el vínculo entre las cosas se volvió terrible,
que con mi sola cara de infeliz fulano
lo hice estallar todo, incluso la fisiología
y que instalé la cólera
en los profundos minerales liberados.
Y más tarde, ayer apenas, la belleza. El asilo perfecto
de una libertad que a sí mismo se bastaba
para tener exclusivas y privadas razones
de vivir. Mi querido Chopin, por ejemplo,
eternamente indemne a sus sombrías hemorragias
-un púrpura estallido en el teclado-
O por ejemplo el suntuoso barbitúrico de Haendel.
Y finalmente aquí, la certeza y la aleluya
de este arroyo que desciende y no puede mentir
y que está inventando, para mi pie desnudo,
la manera más tangible y menos convencional
de no morir.  

viernes, 24 de enero de 2014

4 poemas de Idea Vilariño

Ya no será...

Ya no será,
ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa, no te tendré de noche
no te besaré al irme, nunca sabrás quien fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca
ni si era de verdad lo que dijiste que era,
ni quién fuiste, ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos,
querernos, esperarnos, estar.

Ya no soy más que yo para siempre y tú
Ya no serás para mí más que tú.
Ya no estás en un día futuro
no sabré dónde vives, con quién
ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.
No volveré a tocarte. No te veré morir.




Todo es muy simple

Todo es muy simple mucho
más simple y sin embargo
aún así hay momentos
en que es demasiado para mí
en que no entiendo
y no sé si reírme a carcajadas
o si llorar de miedo
o estarme aquí sin llanto
sin risas
en silencio
asumiendo mi vida
mi tránsito
mi tiempo.




No te amaba...


No te amaba
no te amo
bien sé que no
que no
que es la hora
es la luz
la tarde de verano.
Lo sé
pero te amo
ahora te amo
hoy
esta tarde te amo
como te amé otras tardes
desesperadamente
con ciego amor
con ira
con tristísima ciencia
más allá de deseos
o ilusiones
o esperas
y esperando no obstante
esperándote
viendo
que venías
por fin
que llegabas
de paso.




Decir no...

Decir no
decir no
atarme al mástil
pero
deseando que el viento lo voltee
que la sirena suba y con los dientes
corte las cuerdas y me arrastre al fondo
diciendo no no no
pero siguiéndola.





Fuente: http://amediavoz.com/vilarino.htm

martes, 21 de enero de 2014

"Puede ser la luna a mis espaldas" de Andrés Caicedo

Puede ser una tarde con estrellas
La tarde se parece a mí
Soy un hombre melancólico
Soy un poeta.
Cuando tenía 12 años fui a mi primera
fiesta y fue cuando me tocó bailar por
primera vez en mi vida. Me fue muy mal.
No me cogió el paso. Me dijo: no le
cojo el paso y me dejó allí. Y yo fresco.
Pero yo ahora pienso
que si me hubiera cogido el paso ahora yo
sería bailarín y no poeta.
Hay gente que puede ser poeta y bailarín
al mismo tiempo.
Pero yo no puedo. Yo soy un hombre melancólico.

Puede ser la luna a mis espaldas.


 Andrés Caicedo

sábado, 18 de enero de 2014

Es infinita esta riqueza abandonada, de Edgar Bayley


esta mano no es la mano ni la piel de tu alegría
al fondo de las calles encuentras siempre otro cielo
tras el cielo hay siempre otra hierba playas distintas
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
nunca supongas que la espuma del alba se ha extinguido
después del rostro hay otro rostro
tras la marcha de tu amante hay otra marcha
tras el canto un nuevo roce se prolonga
y las madrugadas esconden abecedarios inauditos islas remotas
siempre será así
algunas veces tu sueño cree haberlo dicho todo
pero otro sueño se levanta y no es el mismo
entonces tú vuelves a las manos al corazón de todos de cualquiera
no eres el mismo no son los mismos
otros saben la palabra tú la ignoras
otros saben olvidar los hechos innecesarios
y levantan su pulgar han olvidado
tú has de volver no importa tu fracaso
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
y cada gesto cada forma de amor o de reproche
entre las últimas risas el dolor y los comienzos
encontrará el agrio viento y las estrellas vencidas
una máscara de abedul presagia la visión
has querido ver
en el fondo del día lo has conseguido algunas veces
el río llega a los dioses
sube murmullos lejanos a la claridad del sol
amenazas
resplandor en frío

no esperas nada
sino la ruta del sol y de la pena
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada


(De: "Todo el viento del mundo")

jueves, 16 de enero de 2014

Desierto, de Fabian Casas

Manejé durante la noche
hasta agotar la nafta.
Apagué las luces del auto,
cerré las puertas
y caminé sin rumbo
fuera de la ciudad.
Pasé cuarenta días
en el desierto
tentado por el diablo.
Volví,
no me siento ni bien ni mal
y esto debe tomarse
al pie de la letra.


(El Salmón, 1995)

jueves, 2 de enero de 2014

Sala de psicopatología, de Alejandra Pizarnik

Después de años en Europa
Quiero decir París, Saint-Tropez, Cap
St. Pierre, Provence, Florencia, Siena,
Roma, Capri, Ischia, San Sebastián,
Santillana del Mar, Marbella,
Segovia, Ávila, Santiago,
                   y tanto
                   y tanto
                   por no hablar de New York y el del West Village con ras-
tros de muchachas estranguladas
                  -quiero que me estrangule un negro -dijo
-lo que querés es que te viole -dije (¡oh Sigmund! con
vos se acabaron los hombres del mercado matrimonial que frecuenté
en las mejores playas de Europa)
   y como soy tan inteligente que ya no sirvo para nada,
   y como he soñado tanto que ya no soy de este mundo,
   aquí estoy, entre las inocentes almas de la sala 18,
   persuadiéndome día a día
   de que la sala, las almas puras y yo tenemos sentido, tenemos des-
tino,
   -una señora originaria del más oscuro barrio de un pueblo que no
figura en el mapa dice:
-El doctor me dijo que tengo problemas. Yo no sé. Yo Tengo algo
aquí (se toca las tetas) y unas ganas de llorar que mama mía.
 Nietzsche: "Esta noche tendré una madre o dejaré de ser."
 Strindberg: "El sol, madre, el sol."
 P. Eluard: "Hay que pegar a la madre mientras es joven."
 Sí, señora, la madre es un animal carnívoro que ama la vegetación
lujuriosa. A la hora que la parió abre las piernas, ignorante del sentido
de su posición destinada a dar a luz, a tierra, a fuego, a aire,
     pero luego una quiere volver a entrar en esa maldita concha,
     después de haber intentado nacerse sola sacando mi cabeza por mi
útero
     (y como no puede, busco morir y entrar en la pestilente guarida de
la oculta ocultadora cuya función es ocultar)
      hablo de la concha y hablo de la muerte,
      todo es concha, yo he lamido conchas en varios países y sólo sentí
orgullo por mi virtuosismo -la mahtma gandhi del lengüeteo, la Ein-
stein de la mineta, la Reich del lengüetazo, la Reik del abrirse camino
entre pelos como de rabinos desaseados -¡oh el goce de la roña!
      Ustedes, los mediquitos de la 18 son tiernos y hasta besan al lepro-
so, pero
       ¿se casarían con el leproso?
       Un instante de inmersión en lo bajo y en lo oscuro,
       sí de eso son capaces,
       pero luego viene la vocecita que acompaña a los jovencitos como
 ustedes:
      -¿Podrías hacer un chiste con todo esto, no?
      Y
       sí,
       aquí en el Pirovano
       hay almas que NO SABEN
       por qué recibieron la visita de las desgracias.
       Pretenden explicaciones lógicas los pobres pobrecitos, quieren que
  la sala -verdadera pocilga- esté muy limpia, porque la roña les da te-
  rror, y el desorden, y la soledad de los días habitados por anti-
  guos fantasmas emigrantes de las maravillosas e ilícitas pasiones de la
  infancia.
       Oh, he besado tantas pijas para encontrarme de repente en una sala
  llena de carne de prisión donde las mujeres vienen y van hablando de
  la mejoría.
  Pero
   ¿qué cosa curar?
  Y ¿por dónde empezar a curar?
  Es verdad que la psicoterapia en su forma exclusivamente verbal es
casi tan bella como el suicidio.
  Se habla.
  Se amuebla el escenario vacío del silencio.
  O, si hay silencio, éste se vuelve mensaje.
  -¿Por qué está callada? ¿En qué piensa?
  No pienso, al menos no ejecuto lo que llaman pensar. Asisto al ina-
gotable fluir del murmullo. A veces -casi siempre- estoy humeda. Soy
una perra, a pesar de Hegel. Quisiera un tipo con una pija así y coger-
me a mí y dármela hasta que acabe viendo curanderos (que sin duda
me la chuparán) a fin de que me exorcisen y me procuren una buena
frigidez.
   Húmeda.
   Concha de corazón de criatura humana,
   corazón que es un pequeño bebé inconsolable,
   "como un niño de pecho he acallado mi alma" (Salmo)
   Ignoro qué hago en la sala 18 salvo honrarla con mi presencia
prestigiosa (si me quisiera un poquito me ayudarían a anularla)
   oh no es que quiera coquetear con la muerte
   yo quiero solamente poner fin a esta agonía que se vuelve ridícula a
fuerza de prolongarse,
  (Ridículamente te han adornado para este mundo -dice una voz
apiadada de mí)
  Y
  Que te encuentres con vos misma -dijo.
  Y yo dije:
  Para reunirme con el migo de conmigo y ser una sola y misma enti-
dad con él tengo que matar al migo para que así se muera el con y, de
de este modo, anulados los contrarios, la dialéctica supliciante finaliza en
la fusión de los contrarios.
  El suicidio determina
  un cuchillo sin hoja
  al que le falta el mango.
  Entonces:
  adiós sujeto y objeto,
  todo se unifica como en otros tiempos, en el jardín de los cuentos
para niños lleno de arroyuelos de frescas aguas prenatales,
  ese jardín es el centro del mundo, es el lugar de la cita, es el espacio
vuelto tiempo y el tiempo vuelto lugar, es el alto momento de la fusión
y del encuentro,
   fuera del espacio profano en donde el Bien es sinónimo de evolu-
ción de sociedades de consumo,
   y lejos de los enmierdantes simulacros de medir el tiempo median-
te relojes, calendarios y demás objetos hostiles,
   lejos de las ciudades en las que se compran y se vende (oh, en ese jar-
dín para la niña que fui, la pálida alucinada de los suburbios malsanos
por los que erraba del brazo de las sombras: niña, mi querida niña que
no has tenido madre (ni padre, es obvio)
   De modo que arrastré mi culo hasta la sala 18,
   en la que finjo creer que mi enfermedad de lejanía, de separación
de absoluta NO-ALIANZA con Ellos
   -Ellos son todos y yo soy yo-
   finjo, pues, que logro mejorar, finjo creer a estos muchachos de
buena voluntad (¡oh, los buenos sentimientos!) me podrán ayudar,
   pero a veces -a menudo- los recontraputeo desde mis sombras in-
teriores que estos mediquillitos jamás sabrán conocer (la profundidad,
cuanto más profunda, más indecible) y los puteo por que evoco a mi
amado viejo, el Dr. Pichon R., tan hijo de puta como nunca lo será nin-
guno de los mediquitos (tan buenos, hélas!) de esta sala,
   pero mi viejo se me muere y éstos hablan y, lo peor, éstos tienen
cuerpos nuevos, sanos (maldita palabra) en tanto mi viejo agoniza en la
miseria por no haber sabido ser un mierda práctico, por haber afron-
tado el terrible misterio que es la destrucción de un alma, por haber
hurgado en lo oculto como un pirata -no poco funesto pues las mone-
das de oro del inconsciente llevaban carne de ahorcado, y en un recin-
to lleno de espejos rotos y sal volcada-
   viejo remaldito, especie de aborto pestífero de fantasmas sifilíticos,
cómo te adoro en tu tortuosidad solamente parecida a la mía,
   y cabe decir que siempre desconfié de tu genio (no sos genial; sos
un saqueador y un plagiario) y a la vez te confié,
   oh, es a vos que mi tesoro fue confiado,
   te quiero tanto que mataría a todos estos médicos adolescentes para
darte a beber de su sangre y que vos vivas un minuto, un siglo más,
   (vos, yo, a quienes la vida no nos merece)
   Sala 18
   cuando pienso en laborterapia me arrancaría los ojos en una casa en
ruinas y me los comería pensando en mis años de escritura continua,
   15 ó 20 horas escribiendo sin cesar, aguzada por el demonio de las
analogías, tratando de configurar mi atroz materia verbal errante,
   porque -oh viejo hermoso Sigmund Freud- la ciencia psicoanalíti-
ca se olvidó la llave en algún lado:
   abrir se abre
   pero ¿cómo cerrar la herida?
   El alma sufre sin tregua, sin piedad, y los malos médicos no resta-
ñan  la herida que supura.
   El hombre está herido por una desgarradura que tal vez, o segura-
mente, le ha causado la vida que nos dan.
   "Cambiar la vida" (Marx)
   "Cambiar el hombre" (Rimbaud)
   Freud:
   "La pequeña A. está embellecida por la desobediencia", (Cartas...)
   Freud: poeta trágico. Demasiado enamorado de la poesía clásica.
Sin duda, muchas claves las extrajo de "los filósofos de la naturaleza",
de "los románticos alemanes" y, sobre todo, de mi amadísimo Lich-
tenberg, el genial físico y matemático que escribía en su Diario cosas
como:
   "Él le había puesto nombre a sus dos pantuflas"
   Algo solo estaba, ¿no?
   (Oh, Lichtenberg, pequeño jorobado, yo te hubiera amado!)
   Y a Kierkegaard
   Y a Dostoyevski
   Y sobre todo a Kafka
   a quien le paso lo que a mí, si bien él era púdico y casto
   -"¿Qué hice del don del sexo?" -y yo soy una pajera como no exis-
te otra;
   pero le pasó (a Kafka) lo que a mí:
   se separó   fue demasiado lejos en la soledad
   y supo -tuvo que saber-
   que de allí no se vuelve
   se alejo -me alejé-
  no por desprecio (claro es que nuestro orgullo es infernal)
  sino porque una es extranjera
  una es de otra parte,
  ellos se casan,
  procrean,
  veranean,
  tienen horarios,
  no se asustan por la tenebrosa
  ambigüedad del lenguaje
  (no es lo mismo decir Buenas noches que decir Buenas noches)
  El lenguaje
  -yo no puedo más,
  alma mía, pequeña inexistente,
  decidíte;
  te la picás o te quedás,
  pero no me toques así,
  con pavura, con confusión,
  o te vas o te la picás,
  yo, por mi parte, no puedo más.
1971